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Caravana a las flechas del Plata

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Caravana a las flechas del Plata

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Siempre dije que una de las actividades con las cuales se debe elegir las amistades es con la pesca y más cuando es de pejerrey embarcado, y encima en el Río de la Plata.

La casa de pesca “El Mimoso” de Villa Bosch, cuyo dueño y anfitrión es el Señor Roberto Sly, a través de los años, ya no es un comercio normal que vende artículos de pesca, sino mas bien diría yo una “peña de pescadores”, ya que el excelente grupo humano que se ha formado con sus clientes hace que cada pescador nuevo que la visita se acople al grupo ya existente por esa magia que tiene nuestro ambiente pesqueril, que maneja a la perfección Roberto nucleándonos a todos.

En una de las tantas reuniones que realizamos todas las semanas en el negocio, café de por medio, surgió la idea de ir a pescar al río con la mayor cantidad de embarcaciones posibles. Enseguida aparecieron los que tenían lanchas y trakers a ofrecerlas para que esa linda idea se concrete y tratar de que nadie quede afuera.

Se puso una fecha con antelación y todos los participantes arreglaron sus compromisos para ese día. Por supuesto eso se hizo con tiempo pero no contamos con el clima que nos iba a tocar.

Como muchos trabajan los días sábados, buscamos una fecha que sea feriado y nos gustó el “Día de la Independencia” o sea el 9 de julio.

El día anterior, consultando la página del clima, observamos que íbamos a tener viento hasta las 15 horas pero como ya estaba todo arreglado, salimos a las 6 de la mañana hacia las guarderías donde nos esperaban las embarcaciones. Tres iban a ser las lanchas que harían la travesía con rumbo a la zona del barco hundido “La Sofía”, distante a mas de 40 kilómetros de Tigre.

“Itatí”, “El Bad Dog” y “La Furia” eran las embarcaciones que nos llevarían a los 11 pescadores que componíamos el grupo.

En la “Itatí” iban Jorge Basile, el capitán y los acompañantes eran Mingo, Jorge Oliva y quien les habla, Eduardo Sagasta.

El “Bad Dog” era capitaneado por su flamante dueño Fabián Acosta y sus compañeros eran los hermanos Diego y Luis Sellecchia junto con su primo Pablo; y en “La Furia” comandaba Sebastián que era acompañado por su padre y por su tío.

Como siempre hacemos, “El Bad Dog” hizo punta seguido por la “Itatí” y atrás iría “La Furia”.

Después de cargar combustible, tomamos el Río Luján, que a esa hora todavía estaba tranquilo pero cuando salimos a río abierto comenzaron las grandes olas y el viaje se puso bastante áspero haciendo que no podamos tomar mucha velocidad y aparte nos mojáramos un poco. Los que estábamos acostumbrados tratamos de calmar a los noveles en la navegación para que no se mareen pero la “zamba” era mucha y al llegar a destino y querer comenzar a preparar los equipos, los integrantes de “El Bad Dog”, a pesar de las ensaladas de “dramamine” que se habían tomado, quedaron acostados y con un mareo que les duró casi toda la jornada.

Las cargadas de una embarcación a otra hicieron que la pesca pasara a un segundo plano ya que el único que quedó en pie fue Fabián, el capitán de la embarcación y pescó solo casi todo el día.

Se colocaron las anclas de capa para frenar la velocidad de las embarcaciones y las botellas de ceba para armar las famosas “calles” de aceite y así “llamar a las flechas de plata”.

Las líneas utilizadas fueron de la fábrica “El Vasco”, con boyas Doble-T lo bastante grandes como para verlas a la distancia ya que los piques se daban muy lejos de la embarcación, y brazoladas de entre15 y 20 cm. con mojarras grandes como carnada.

Los anzuelos eran marca Antunez de punta laser y de buen tamaño para presentar bien las mojarras grandes que utilizaríamos. Todos usamos multifilamento floating Sufix 0,19 mm. y las cañas eran de 4,20 mts., lo bastante largas como para poder manejar las líneas de río que miden casi 4 metros. Adosada a las mismas probamos bigoteras de “El Vasco” con doble anzuelo que fueron las que más piques nos dieron.

LA PESCA:
Comenzamos a pescar a las 8,30 hs., con grandes olas que no nos dejaban pararnos en la embarcación, pero sin que llegáramos a tener peligro alguno, estando sentados.

El primer pique lo tuvo Mingo a unos 70 metros con una corrida larga que fue frenada por la maestría del veterano con una certera clavada. Luego de vender cara su derrota el pejerrey entró en el copo con la alegría de todos nosotros. Pesaba más de 1,300 kgs. y fue el comienzo de una seguidilla de piques que todos tuvimos mientras duró el viento. No sacamos ningún doblete importante ya que cuando venían dos, eran chicos, pero los otros eran pejes, todos arriba de los 800 grs. y muy combativos, que nos daban trabajo para traerlos a la lancha.

A eso de las 12 hs. ya teníamos más de 60 piezas elegidas cuando Jorge Basile acusó una corrida que al clavar le hizo correr el freno del reel. “El maestro” trajo con cuidado a ese matungo que no se quería entregar. El copo certero de Jorge Oliva cortó la esperanza del pejerrey de encapar justo cuando se desprendía del anzuelo. Los gritos de alegría se escuchaban desde las otras embarcaciones y la radio preguntaba desde el “Bad Dog” que era lo que pasaba. Al contarle, Fabián pedía que alguno se pasara a la embarcación de el ya que sus compañeros estaban mareados con las consiguientes cargadas nuestras y los gritos que le dábamos para que apagara el estéreo con “Diango” de fondo que hacía que no se sintiera solo ya que los “chicos” dormían.

A las 15 horas paró el viento como estaba anunciado y de tener grandes olas el río se planchó, haciendo que nuestras boyas tuvieran dificultad en alejarse de la embarcación. Yo por mi parte, cambié la línea por otra de boyas más grandes para que el poco viento que había ayudara a alejarlas y comencé a tener mas piques. No hizo falta que les dijera que me sigan a los muchachos que hicieron lo mismo que yo para seguir pescando aunque los tamaños de los pejerreyes se achicaron a medianos y chicos. El pique, de ser seguido como cuando había viento, comenzó a cortarse por períodos de tiempo de 15 minutos en los que no había actividad.

Jorge Oliva propuso comer y comenzamos a armar la famosa picada que hacemos siempre con lo que trae cada uno, acompañado de un buen vino y gaseosas que nos reconfortaron ya que el pique continuo no nos había dejado tiempo para comer. Esto fue un acierto, ya que al terminar de alimentarnos comenzó una leve brisa que nos dio esperanza que los grandes volvieran. Y así fue que bien lejos de la embarcación comenzaron los matungos otra vez a hacer de las suyas pero con un pique que era casi indescriptible y muy suave. Al acostumbrarnos, todos realizamos sendas capturas de buenos pejerreyes para completar una cuota de 120 piezas de muy buen porte.

Luego de las fotos para la nota nos reunimos entre las tres embarcaciones entre risas y festejos por la pesca realizada.

A las 17 horas era la hora que habíamos arreglado para la vuelta que siempre digo que forma parte del atractivo de la salida ya que la navegación se complementa con la pesca.

Un atardecer hermoso con un sol que moría en el horizonte, adornaba un Río de la Plata semi planchado, matizando con veleros a la distancia que navegaban rumbo a tierra.

Nosotros habíamos cumplido nuestro sueño de compartir entre amigos lo que más nos gusta que es “LA PESCA DEPORTIVA”.

Eduardo Sagasta
“El Vasco”

 
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