Después de un invierno muy irregular en la pesca, donde
había días de muy buen pique y otros casi nulo, los
guías de la laguna junto con la Municipalidad de Médanos,
representados por nuestro flamante delegado Hector Kroneverger
(“Pichi”), decidimos traer un grupo de biólogos
de La Plata para que hagan un estudio intensivo sobre el comportamiento
del pejerrey y averiguar porqué no picaba firme como en
otras épocas.
El resultado del estudio fue un éxito y más que alentador,
ya que los biólogos, luego de pasar una red de 8 tramas
diferentes para estudiar si faltaba algún tamaño
del ciclo y hacer la correspondiente disección de los mismos,
nos tranquilizaron informándonos que la laguna está súper-poblada.
Los pejerreyes están más gordos que nunca y con una
vitalidad asombrosa pero no picaban porque tienen mucha comida
al alcance de su mano que se reproduce por la falta de heladas
extremas que matan el plancton y también a la falta de lluvia
que ha disminuido la cota original.
Con esa expectativa, yo tenía todos los fines de semana
de octubre reservados en mi tracker “EL HALCÓN NEGRO” y
no quería defraudar a mis clientes, así que me prepare
como para “la guerra” y partí hacia la laguna.
Como siempre, “Los Viejos”, como les dicen allá a
los pescadores, se alojarían en las cabañas del “PICA” y
del “MATUNGO”, que a mi juicio, son las mejores por
precio y calidad y aparte son “amigos de fierro” que
tratan muy bien al pescador haciendo que se sienta más cómodo
que en su propia casa.
El 1° fin de semana recibimos con el “Pica” a un
grupo de LA CALERA, CÓRDOBA, que estaba integrado por Gustavo
Amaya, los hermanos Claudio y Juan Carlos Pozo, Gustavo Heredia,
Lucas Viñati y Ariel. De estos muchachos, que era la primera
vez que venían, no me olvidaré más, ya que
desde que llamaron para reservar, un mes antes, pasando por las
comunicaciones diarias por el Facebook y durante toda su estadía,
no pararon un minuto de reírse y hacernos divertir al “PICA” y
a mí, a pesar de que el sábado no pudimos salir a
pescar, ya que había mucho viento. Igualmente los acompañé a
pescar de costa y sacaron, en un rato, 14 pejerreyes aunque no
de muy buen tamaño.
La revancha del domingo fue espectacular, ya que el día
amaneció con viento casi nulo e hicimos una muy buena pesca,
todo a flote y cumpliendo la cuota con creces.
Las líneas que hicieron la diferencia, fueron: de 2 boyas
y un puntero pescador cuando estaba planchado y el paternóster
fijo cuando se rizó la laguna y comenzamos a garetear. Los
portes de pejerrey fueron mezclados, matizando de 300 grs. A más
de un kilo de peso, demostrando que no falta ninguna medida de
pejerrey del ciclo evolutivo.
Entre risas y festejos, nos dirigimos a la costa y al atracar la
embarcación, me esperaba, como siempre “CACHI”,
el dueño de una de las fileteras más importante de
CHAPALCÓ, para llevar el pescado y que los clientes no tengan
que cargar el tacho que estaba muy pesado por las 180 piezas que
habíamos obtenido.
Demás está decirles que el costillar que nos comimos
luego de la pesca y hecho por el “PICA”, quedará para
el recuerdo por lo rico y tierno que estaba.
El otro fin de semana estaba muy contento, ya que recibiría
a un amigo de muchos años y muchas pescas, PABLO ZINOLA
de Buenos Aires, acompañado por otro amigo, Javier Corti, “el
cabezón”, que a la postre terminaría siendo
una excelente persona y gran pescador al igual que PABLO. Esta
vez alojados en las cabañas del MATUNGO, los esperé el
viernes a la noche con el fuego prendido para hacer un matambrito
regado con un excelente malbec, que salió bárbaro,
utilizando la sobremesa, para charlar de los equipos para el día
siguiente y planificar los lugares de acuerdo al pronóstico.
La mañana amaneció fría y con mucho viento
así que tomando los recaudos necesarios, salimos hacia la
costa de Ravanesi, donde realizamos un largo garete a flote. Era
tanto lo que picaba que tuvimos varios dobletes y con portes que,
a veces, me asombraban hasta a mí. El único problema
es que, al haber tanto viento, debíamos pescar sentados
para no perder el equilibrio.
Al otro día, el viento era mucho menos y los muchachos estaban
afilados en el pique, así que a la mañana, con un
garete largo sobre el mismo lugar del día anterior, ya teníamos
40 pejerreyes de buen tamaño sin llegar a ser muy grandes,
teniendo que devolver solo 4 piezas que no daban la medida.
A las 13 horas, me llamó mi amigo Cesar, flamante guía
de LA MICAELA, comentándome que había sacado 8 pejes
de arriba de un kilo de peso y pescando anclados y a flote en la
bahía de Ibarburen. Estábamos en la otra punta de
la laguna así que puse en marcha el tracker y mostré a
los muchachos porqué le puse el mote de EL HALCÓN
NEGRO, ya que poniéndolo a toda marcha, parecía que “volaba” sobre
las olas.
Llegamos a la bahía y sin acercarme tanto para no asustar
el cardumen, paré y usé los binoculares y vi como
sacaban semejantes matungos los clientes de CESAR de “la
Micaela”. Les conté y mostré a los muchachos
que se volvían locos pero los tranquilicé y sin hacer
ruido nos ubicamos en un lugar estratégico, cerca de unas
ramas secas que afloraban del agua y comenzamos a efectuar los
lances hacia la zona elegida. El 1° en clavar fui yo, con mi
línea de boyas negras, un doblete que no podía acercar
a la embarcación. Luego le tocó a Pablo y después
al Cabezón. Eran muy grandes y nos costaba mucho levantarlos,
teniendo que utilizar el copo en casi todas las capturas.
Habíamos encontrado lo que nos faltaba; un lugar de pesca
anclados, a flote y con portes de más de un kilo de peso
y en cantidad.
Fue tanto lo que sacamos que a las 16.30 hs. Dejamos de pescar
ya que habíamos alcanzado las 90 piezas que corresponden
en tiempo de veda, o sea 30 piezas por pescador y encima a los
muchachos les dolía la espalda de tanto clavar.
Contentos, nos sacamos las fotos de rigor y luego nos dirigimos
a la costa y de allí a la cabaña a tomar unos mates
y charlar de la hermosa experiencia que habíamos vivido.
Se fueron los muchachos contentos por la pesca realizada y yo partí hacia
Bahía Blanca a pasar la semana vendiendo a los negocios
artículos de pesca de mi fabricación y prepararme
para el fin de semana largo del 12 de octubre.
El viernes no tenía salida y tenía ganas de salir
pero todos mis amigos estaban ocupados y encima me había
intoxicado con algo que comí, pero pasado el mediodía,
me sentí mejor y salí hacia la BAHÍA DE IBARBUREN,
que la semana anterior nos había deparado tan buena pesca.
El viento era casi nulo y la navegación un placer, así que
al llegar a la bahía hice lo que siempre hago cuando salgo
solo o con un amigo, preparé el mate y lancé la línea
de flote hacia unas ramas dejándola apoyada en la borda.
No habrán pasado 10 minutos y vi un gran borbollón
al lado de una de mis boyas; tomé la caña y me preparé a
clavar. Al desplazarse lateralmente y siempre con la boya en movimiento,
clavé con firmeza y la caña quedó dura arqueándose
al máximo y sacando multi de mi reel haciendo sonar la chicharra
del mismo. El gran pejerrey vendió cara su derrota pero
fue a parar al tarro. Los piques no eran tan seguidos pero los
portes eran de 500 grs. A más de un kilo, así que,
de a poco fui haciendo la cuota hasta llegar a las 30 piezas que
hice en solo 3 horas de pesca y en un día soñado.
El sábado a la mañana, llegó un grupo de Mar
del Plata formado por Carlos y Diego Rodriguez, Peter y Pablo Del
Castelo, Martín Giampietro y Cacho Parra.
El día amaneció con viento regular de 40 km. Así que
nos dirigimos hacia la zona del barranco, largándonos en
un garete largo hacia el pueblo.
Los muchachos, aunque no era la 1° vez que venían, se
abocaron a lo que yo les aconsejaba, poniendo paternóster
fijosde la firma “EL VASCO” y líneas de flote
especiales para garetear. Los piques no se hicieron esperar con
portes mezclados pero con pocos para devolver al agua.
A medida que nos íbamos acercando a la rompiente, los piques
iban en aumento pero las olas y el viento eran cada vez mayores
haciendo que tengamos que pescar sentados para no trastabillar.
A las 15 hs., y viendo que el viento era cada vez más fuerte,
propuse a los muchachos ir a tomar unos mates a la costa y aprovechar
que pare un poco el viento. Teníamos 40 piezas en total
pero creímos que la seguridad era más importante
que la pesca y, entre todos, decidimos ir a la costa. Con algo
de lluvia y mucho viento, llegamos sin sufrir ni salpicarnos, demostrando,
como tantas veces, que “EL HALCÓN NEGRO” es
una embarcación muy segura y no emboca agua cuando navega
en condiciones climáticas desfavorables.
Luego de unos buenos mates y que los muchachos fueran a abrigarse
más a la cabaña, el viento comenzó a calmar
y a las 16,30 hs. Salimos, esta vez hacia la zona de la bahía
de “LOS RASTROS”, gareteando desde el “árbol
solo” hacia la bahía. Los piques eran muy seguidos,
contabilizando 60 piezas más en una sola pasada. A las 19
hs. Llegamos a el embarcadero contentos por las capturas realizadas
y por la buena idea de haber hecho un impás sin sufrir las
inclemencias del tiempo.
Al llegar a la cabaña, Pablo se lució con un costillar
a la parrilla que salió espectacular y luego nos fuimos
a dormir, ya que estábamos cansados por el clima que nos
tocó.
|