El mar, una
amenaza desatendida por los ingenieros nucleares
TOKIO — En el país que le dio al mundo la palabra
tsunami, el sistema nuclear japonés no tuvo en cuenta la
fuerza destructiva que podían tener las paredes de agua.
La palabra ni siquiera aparecía en las pautas gubernamentales
hasta 2006, décadas después de que las plantas – entre
ellas Fukushima Daiichi, que los funcionarios siguen luchando por
controlar – empezaron a salpicar la costa japonesa.
La falta de atención puede explicar por qué en un
país rodeado de placas tectónicas, que suelen generar
tsunamis, las protecciones eran tan minúsculas en comparación
con el tsunami de casi catorce metros que desbordó la planta
de Fukushima el 11 de marzo. La ola superó tres veces la
altura del risco de cuatro metros sobre el que se había
construido la planta.
El gobierno japonés y funcionarios de la empresa de servicios
dicen una y otra vez que los ingenieros nunca podrían haber
anticipado la intensidad 9 del terremoto más fuerte de la
historia del país. De todos modos, sismólogos y especialistas
en tsunamis dicen que, según los datos disponibles, un terremoto
de 7,5 de magnitud, algo casi rutinario en la costa del Pacífico,
podría haber generado un tsunami de intensidad suficiente
para superar el risco de cuatro metros de Fukushima.
Luego de que un grupo asesor hizo recomendaciones en 2002, Tokyo
Electric Power Company, dueña de la planta y principal empresa
de servicios de Japón, elevó su máximo pronóstico
de nivel de un tsunami en Fukushima Daiichi a entre 5,4 y 7,5 metros,
más que el risco de cuatro metros. La compañía,
sin embargo, sólo pareció responder con un aumento
de 20 cm del nivel de una bomba eléctrica cercana a la costa,
se supone que para protegerla de un mayor nivel de agua.
“Sólo se puede trabajar sobre la base de precedentes,
y no los había”, dijo Tsuneo Futami, un ex ingeniero
nuclear de Tokyo Electric que fue director de Fukushima Daiichi
a fines de la década de 1990. “Cuando dirigí la
planta, la idea de un tsunami nunca se me pasó por la cabeza”.
La intensidad con la que el terremoto sacudió la tierra
en Fukushima también superó los criterios utilizados
en el diseño de la planta, si bien en menor medida que el
tsunami, según datos que Tokyo Electric le dio al Foro Industrial
Atómico de Japón. Sobre la base de lo que se sabe
ahora, el tsunami desencadenó la crisis nuclear al inundar
los generadores de apoyo necesarios para alimentar el sistema de
enfriamiento del reactor.
Durante décadas, sin embargo, los funcionarios japoneses
y hasta partes de su sistema de ingeniería se atuvieron
a preceptos científicos más antiguos para la protección
de las plantas nucleares, por lo que sólo tuvieron en cuenta
los terremotos y tsunamis registrados y no aprovecharon los avances
de la sismología y la evaluación de riesgos posteriores
a la década de 1970.
La evolución de los diseños
Cuando los ingenieros japoneses empezaron a diseñar sus
primeras plantas de energía nuclear hace más de cuarenta
años, recurrieron al pasado en busca de datos sobre cómo
protegerlas. Los archivos oficiales, algunos de ellos centenarios,
contenían información sobre tsunamis que habían
inundado poblaciones costeras, lo que permitió a los ingenieros
calcular su altura.
Los ingenieros adoptaron una actitud similar en el caso de los
terremotos. A la hora de diseñar la planta de Fukushima,
los datos oficiales de hasta 1600 indicaban que los terremotos
costeros más fuertes en la prefectura de Fukushima habían
registrado intensidades de 7 y 8, dijo Kobayashi.
Por último, especialistas de gubernamentales impulsaron
pautas de construcción más estrictas. La presión
aumentó mucho después del devastador terremoto de
Kobe de 1995, señaló Kenji Sumita, vicepresidente
de la Comisión de Seguridad Nuclear del gobierno a fines
de los años 90. Sumita dijo que las firmas de energía,
que se concentraban en terminar de construir una decena de reactores,
se resistían a adoptar esas pautas.
Riesgos ignorados
La primera referencia clara a los tsunamis apareció en los
nuevos lineamientos para las plantas nucleares de Japón,
que se dieron a conocer en 2006. El riesgo había sido objeto
de cierta atención en 2002, cuando la Sociedad Japonesa
de Ingenieros Civiles publicó pautas recomendadas sobre
tsunamis para operadores nucleares.
Veinte años después de la instalación de
Fukushima Daiichi, investigadores que analizaban los archivos estimaron
que un terremoto había producido un tsunami que había
avanzado dos kilómetros tierra adentro en una zona ubicada
apenas al norte de la planta, y eso pasó en el año
869.
POR Norimitsu Onishi y James Glanz
Norimitsu Onishi informó desde Tokio y James Glanz lo hizo
desde Nueva York. Con
la colaboración de Ken Belson y Hiroko Tabuchi en Tokio.
02/04/11
CLARÍN (Suplemento The New York Times)
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