Recibe unos
80 millones de toneladas anuales de arenas, limos y arcillas que
arrastran el Paraná y el Uruguay. Control
de la contaminación / Un programa internacional estudia
los sedimentos finos.
Alrededor de 80 millones de toneladas de arenas, limos y arcillas
son arrastrados anualmente por los ríos Paraná y
Uruguay, y conforman los sedimentos de uno de los estuarios más
grandes del mundo. Si bien tienen gran importancia desde el punto
de vista ambiental, sólo comenzaron a estudiarse en forma
reciente. Desde 2008, un proyecto en colaboración entre
el Instituto Francés de Investigación para la Explotación
del Mar (Ifremer) y organismos de la Argentina y Uruguay ha permitido
recolectar una gran cantidad de datos que permitirán, entre
otras cosas, desarrollar herramientas de gestión para optimizar
la actividad pesquera y el dragado del río con el menor
costo ambiental posible, y controlar la contaminación en
la región.
"El objetivo fue estudiar cómo se comportan los sedimentos
finos, combinando observaciones directas y satelitales con modelos
numéricos computacionales. El material más pesado
[las arenas] decanta rápidamente, pero los sedimentos finos
son transportados a lo largo del estuario.-
Los sedimentos finos transportan contaminantes, en particular,
metales pesados, que se adhieren a ellos y son llevados a la zona
marítima, lo que se conoce como región de máxima
turbidez, que coincide con la unión de las aguas oceánicas
y las continentales. Allí, al aumentar la salinidad del
agua, los sedimentos se depositan por un proceso físico-químico
denominado floculación: las partículas se unen entre
sí formando flóculos, o agrupamientos mayores, que
decantan con más facilidad.-
En esa zona, las mareas y las olas vuelven a suspender los sedimentos
que ya se habían depositado, y, de este modo, los contaminantes
pueden ingresar a las cadenas alimentarias de los peces. Esta es,
además, una región de desove y cría de varias
especies de importancia comercial, como la corvina rubia, que es
el mayor recurso de exportación pesquera de Uruguay.-
La ribera sur, más afectada
Los sedimentos en suspensión, por un lado, protegen los
huevos y las larvas de los peces de los predadores. Pero, por otro,
condicionan el crecimiento del fitoplancton, la base de la alimentación
de los cardúmenes. Según análisis de imágenes
satelitales, los investigadores confirmaron que, a mayor presencia
de sedimentos, que interfieren con la disponibilidad de luz, es
menor la cantidad de clorofila. La posibilidad de predecir la cantidad
de sedimentos en suspensión puede contribuir a desarrollar
modelos de protección pesquera de estas zonas críticas.-
Asimismo, los investigadores observaron que la concentración
máxima de sedimentos suspendidos se ubica en la ribera sur
del Río de la Plata, en la costa argentina, lo que se vincula
con una mayor descarga de sedimentos del río Paraná con
respecto al Uruguay. Además, la cantidad es mayor en invierno,
lo que aparentemente tiene que ver con un aumento de la intensidad
del viento y de las olas, que remueven los barros del fondo.-
También comprobaron que la presencia de partículas
suspendidas se reduce aguas afuera de la Barra del Indio, a la
altura de la Bahía de Samborombón.-
La importancia de desarrollar modelos numéricos operativos,
que son una herramienta fundamental, por ejemplo, en el caso de
que se produjera el derrame de una sustancia contaminante, porque
así se podría predecir el recorrido. Asimismo, en
las operaciones de dragado de los canales de acceso a los puertos,
este conocimiento puede servir para ubicar los sedimentos muy contaminados
en lugares donde se muevan menos.-
Instrumental valioso
El proyecto, financiado por un acuerdo entre el Fondo Francés
para el Medio Ambiente Global y la Agencia Francesa para el Desarrollo
con el Consorcio Comisión Técnica Mixta del Frente
Marítimo-Comisión Administradora del Río de
la Plata, con el aporte de más de un millón de euros,
permitió la instalación de dos estaciones fijas de
monitoreo: una, cerca de Punta Indio, y la otra, a la altura de
la ciudad de La Plata, con instrumental para medir la temperatura,
turbidez y presión del agua, así como para obtener
datos de las mareas y las olas.-
La joya del proyecto es una boya oceanográfica que está ubicada
en la zona de máxima turbidez. Cuenta con una estación
meteorológica, y mide también la temperatura, la
salinidad, el contenido de oxígeno y clorofila-a y la turbidez
del agua. Con un sensor especial obtiene datos de la velocidad
y dirección de las corrientes marinas a distintas profundidades.-
La instalación de los equipos fue lo más costoso.
El problema es mantenerlos en operación ahora que está finalizando
el proyecto. Por ello los investigadores participantes están
buscando financiación para que los instrumentos puedan seguir
operando. Teniendo la boya instalada, con los equipos funcionando,
y gente formada, sería una lástima que se perdieran
en el mar por descuido.-
Centro de Divulgación Científica de la Facultad
de Ciencias Exactas, UBA
Susana Gallardo
Para LA NACION
20/04/11
Fuente: Fundación NuestroMar |