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Llega a su fin una travesía ambiental

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Llega a su fin una travesía ambiental de 3.700 kilómetros en kayak
06/10/11

La hicieron tres jóvenes entrerrianos que forman parte del proyecto El Agua Manda, que busca llevar un mensaje de preservación del medio ambiente a lo largo del río Paraguay. Comenzaron en el estado de Mato Grosso, en Brasil, y hoy llegarán a Puerto Madero.

Por Pedro Irigoyen

No hay otra motivación en este viaje que la de ser guardianes del río. En un planeta que viene dando permanentes señales de saturación, tres jóvenes de Gualeguaychú decidieron ser voceros del agua, el aire y la tierra navegando miles de kilómetros en kayaks empujados por sus brazos y sus convicciones. Se trata de Ezequiel Vela, Juan Martín Rivas y Hermann Feldkamp, miembros de El Agua Manda, un grupo ambientalista que cumple aquí su tercera travesía: “Expedición a la tierra sin mal”. Remando incasablemente durante cinco meses, unieron los 3.700 kilómetros que van desde la naciente del Río Paraguay, en pleno Mato Grosso, hasta llegar a Buenos Aires -mañana a las cuatro de la tarde a Puerto Madero a la altura de puente de Av. Córdoba), llevando un mensaje de preservación y cuidado del río a cada comunidad que anidaba sus orillas.

"En esas seis manos, muchas manos remarán. Bienvenida sea esta aventura. Que les vaya muy pero muy bien en esas charlas con el río amenazado. Mi abrazo, nuestro abrazo”, fueron las palabras de aliento que le envió el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Esta ya es la tercera expedición de El Agua Manda. La primera fue desde la naciente del Río Uruguay -desde Río Grande Do Sul, donde se juntan los ríos Canoas y Pelotas- hasta su desembocadura. La segunda, el año pasado, recorrió el otro extremo de la cuenca del Plata, por el Río Bermejo que nace en la selva Yungas en la frontera entre Salta y Bolivia, bajando por el Paraná hasta el Uruguay y terminando en su ciudad natal: Gualeguaychú.
Desde el delta del Tigre, donde juntan energías para dar la última estocada, Juan Martín Rivas nos relata la odisea.

¿Cómo fue el trayecto de la expedición?
Decidimos comenzar nuestro peregrinar el 8 de mayo desde el Puente Internacional General San Martín, en Gualeguaychú –el día en que se realizó la séptima marcha contra la instalación de plantas de celulosa en el Río Uruguay- que nos llevó en camioneta y por ruta a la localidad de Diamantino en el Mato Grosso, aproximadamente tres mil kilómetros hasta llegar al corazón del continente, donde nace el Río Paraguay. La comunidad nos recibió con los brazos abiertos y con una gran hospitalidad. El 18 de mayo comenzamos a remar desde la naciente del río. Empezábamos a conocer el Mato Grosso. En total fueron 3.700 kilómetros de río: el Paraguay en toda su extensión hasta desembocar en el Paraná a la altura de Paso de la Patria, en Corrientes, e Isla del Cerrito en la provincia del Chaco. Por el Paraná llegamos a la zona de Tigre y mañana jueves culminamos la travesía con veinte kilómetros por el Río de la Plata donde esperamos llegar cerca de las cuatro de la tarde a la zona de Puerto Madero a la altura de Córdoba.

¿Cómo era su rutina diaria de navegación?
Hubo varias etapas, en el comienzo fueron seis días de ruta preparando la logística donde íbamos dialogando con la gente de los pueblos donde pensábamos parar para dar charlas y demás.
Una vez que empezamos a navegar la rutina consistía en comenzar el día desarmando el campamento, preparar las embarcaciones y comenzar a navegar a media mañana parando al mediodía media hora para comer y seguir hasta las cinco de la tarde para encontrar un lugar propicio para armar campamento, descansar, hacer una comida un poco más fuerte y pasar la noche. Eso se fue repitiendo hasta llegar a los pueblos. Aproximadamente, el descanso era cerca de un día por semana.

¿Cómo eran sus actividades en los pueblos? ¿Cómo eran esos encuentros?
Fue lo más nutritivo del viaje, el encuentro inesperado con los habitantes del río. El hombre del Mato Grosso con su humildad y sencillez. Muchas comunidades indígenas nos recibieron, como los Guató en el Pantanal o los Chamacoco en el Paraguay. Eran momentos muy especiales y gratificantes que nos permitieron conocer una historia que se encuentra sólo en este lugar del planeta. La gente del pantanal es muy hospitalaria y simple, viven aislados de los lujos de la ciudad a los cuales nosotros estamos acostumbrados, y son experiencias que te llenan de una emoción indescriptible y difícil de poner en palabras.

¿Cómo vieron la salud del río?
El Paraguay es un río privilegiado. No tiene represas que lo paren y corre libremente. Tiene el Gran Pantanal que lo purifica de forma única. Es el pantano más grande del planeta y el río lo atraviesa de punta a punta. Esa característica natural hace que se preserven infinidad de especies de animales, como el yaguareté o la anaconda, y más de 500 especies de aves, gran variedad peces.
Lamentablemente, lo único que siempre aparece es la mano del hombre para modificar esto con la extracción de recursos naturales y la deforestación, que está poniendo en riesgo todos estos biomas.
Una de las principales iniciativas es lo que está haciendo IIRSA, una iniciativa de desarrollo a nivel latinoamericano, que pretende convertir al Gran Pantano en una hidrovía para la extracción de recursos naturales, con una posible conexión con la cuenca amazónica, a través del Río Guaporé, un afluente del Paraguay.
Esto, que permitiría navegar desde Buenos Aires hasta Caracas, implicaría dragar, canalizar y realizar otras obras faraónicas que provocarían un desastre ambiental. Es inimaginable lo que podría ser el intercambio de especies, el flujo de las aguas y la alteración del curso de los ríos.

¿Cuál es su misión personal? ¿Son viajeros de conciencia, protectores del río?
Nosotros lo tomamos como una oportunidad para peregrinar por el río y conocer los pueblos. Aprovechar para hablar con sus habitantes llevando nuestro mensaje de preservación del ambiente. Eso es lo que nos alimenta más, ese puente que nos acerca a las personas no es ni más ni menos que una embarcación empujada a sangre.

¿Cómo imaginan su llegada?
Con mucha calma, estarán los familiares y los amigos, más algún curioso que llegue para ver qué están haciendo esas personas en el río, remando entre tantos buques y barcos gigantes. La idea es poder compartir con los que estén un poquito de lo que se vivió y seguir generando vínculos con la gente que disfruta lo que hacemos. Hemos recorrido lugares verdaderamente mágicos y la idea es armar un documental y hacer diferentes tipos de presentaciones en escuelas y universidades.

Fuente: Clarin


 
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