Investigadores del Conicet analizaron un siglo de datos y detectaron
significativas coincidencias en ciclos de siete a nueve años.
Entre el Sol y el río Paraná hay más de 149
millones de kilómetros, y aun así, al parecer, existe
un vínculo entre los ciclos que los dominan.
Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y
el Conicet encontraron evidencia empírica de que existiría
una relación significativa entre ambos.
Los científicos analizaron más de un siglo de datos
y se encontraron con una coincidencia significativa: tanto el movimiento
del Sol como las modificaciones del caudal del Paraná están
dominados por ciclos de entre siete y nueve años.
"Este trabajo muestra evidencia empírica de una relación,
pero eso no alcanza para explicar por qué ocurre",
destacó el doctor Andrés Antico, docente de la Facultad
de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL), becario
del Conicet y uno de los autores del trabajo que se publicó recientemente
en la revista Geophysical Research Letters.
La investigación suma nuevas piezas que pueden ayudar a
entender el funcionamiento del clima, ya que actualmente existe
una situación paradójica: si bien se sabe que el
Sol es el combustible que alimenta la maquinaria atmosférica,
no se conoce cómo responde el clima terrestre a sus cambios.
Para buscar evidencias que ayuden a entender cómo es la
relación entre el Sol y el clima, los científicos
rastrearon el comportamiento del sexto río más importante
del mundo y protagonista indiscutido de los paisajes litoraleños:
el Paraná. Trabajaron sobre los valores del caudal (es decir,
cuánto volumen de agua pasa por un punto en un determinado
tiempo) registrados a la altura de la ciudad de Corrientes desde
1904.
"Ese dato, medido allí, refleja la precipitación
caída en gran parte de la cuenca", destacó la
doctora Daniela Kröhling, docente e investigadora de la UNL
y el Conicet y coautora del trabajo.
Al ordenar los números en un gráfico se hace evidente
a simple vista que hay un ciclo de siete a nueve años que
domina la variabilidad.
Paralelamente, los investigadores observaron una variable que
describe el movimiento del Sol en torno del centro del sistema
solar.
"A diferencia de lo que uno supone, el Sol no está quieto,
sino que gira constantemente alrededor de ese centro", explicó Antico.
La trayectoria que dibuja el astro al girar es compleja, "mucho
más complicada que la de los planetas, que se mueven en
una elipse", puntualizó. Al comparar ambas series de
datos, se volvió evidente que tanto el movimiento del Sol
como las modificaciones en el caudal del Paraná están
dominados por períodos que oscilan entre siete y nueve años,
y que los ciclos del Paraná tienden a seguir el movimiento
solar.
Lo que no se sabe
Según se ocupó de aclarar Antico, el encontrar una
relación, "ver que cuando algo cambia otra cosa también
lo hace" no significa necesariamente que haya un mecanismo
que vincule a ambos. Lo que se encontró es una relación
significativa que sugiere que efectivamente existiría un
mecanismo que los vincula.
"Es un puntapié inicial, un trabajo generador de hipótesis,
de preguntas más que de respuestas", reflexionó.
Otra característica que destaca esta investigación
es el aporte de datos desde América del Sur, ya que los
estudios previos en la misma línea se basaron mayormente
en datos del hemisferio norte.
Desde afuera
El Sol sigue siendo un misterio para los científicos, pero
no es el único factor externo que afecta al clima. Por ejemplo,
existen hipótesis sobre un posible efecto de los rayos cósmicos
sobre el clima que proponen cadenas de eventos.
En escalas de tiempo más largas -de decenas de miles a
millones de años- hay otros, como son las modificaciones
en las órbitas de la Tierra alrededor del Sol. "Existen
tres movimientos que ocurren de manera simultánea, y eso
también se cree que tiene un impacto en el clima",
explicó Antico.
En esas escalas de tiempo es la geología la que indaga
sobre la causalidad de ciclos más largos. "En el registro
geológico, las rocas y los sedimentos con edades de cientos
de miles de años ofrecen secuencias que fueron generadas
en períodos glaciales e interglaciales que pueden ayudar
a reconstruir la historia climática de la Tierra",
concluyó Kröhling.
Comunicación científica de la Universidad del Litoral.
Por Priscila Fernández
Fuente: La Nación – Fundación NuestroMar
08/12/11
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